Gregorio de Tours, historia de los Francos (prefacios)

Ana Xochitl Ávila, traducción, 2011 

 

Prefacio general

Mientras los bárbaros daban rienda suelta a su ferocidad y los reyes a su furor, mientras la fe cristiana aunque ferviente en la mayoría de los corazones, estaba floja y débil en los de otros; mientras gente piadosa enriquecía a las iglesias e infieles las despojaban; no hubo ningún gramático hábil en el arte de la dialéctica que haya acometido la tarea de transcribir esas cosas ni en prosa ni en verso. Así pues es con razón que muchos se lamentan diciendo: Qué época la nuestra tan desgraciada en la que no hay quien ponga por escrito los acontecimientos del presente. Lo cual yo viendo decidí conservar aunque en un lenguaje inculto, la memoria de las cosas pasadas para que lleguen al conocimiento de los hombres futuros. No pude callar ni las querellas de los malos ni la vida de la gente de bien. Me impulsó sobre todo aquello que dicen mis contemporáneos, a saber que pocos entienden a un retor filósofo, pero las palabras de un hombre sencillo y sin arte las comprenden casi todos.

Quise también empezar este libro por el cálculo de los años transcurridos desde el origen del mundo, por lo que agregué los siguientes capítulos.

 

Prólogo al Libro 3 (fragmento)

Quisiera comparar los triunfos alcanzados por los cristianos que confiesan la Santa Trinidad, a los desastres incurridos por los heréticos que la dividen. No contaré cómo Abraham adoró la Trinidad en el encinar[1], o Jacobo la reconoció […] ni cómo David la anuncia en sus salmos cuando le pide al Señor que lo renueve por el espíritu de rectitud, que no lo prive del espíritu santo y lo confirme por el espíritu principal. Reconozco en esas palabras el gran misterio de la voz profética que proclama espíritu principal a ese mismo que los heréticos llaman inferior. Pero, según ya dijé, omitiré esas cosas para regresar a nuestra época.

Arrio fue el primero y el nefasto inventor de esta secta malsana, quien tras expulsar sus entrañas junto con sus excrementos fue mandado a las llamas del infierno. Hilario[2], por el contrario, bienaventurado defensor de la Trinidad indivisible y por eso condenado al exilio, retornó a su patria y al paraíso. El rey Clodoveo que la confesó [la Santa Trinidad] aplastó a los heréticos con su ayuda extendiendo su reino a todas las Galias. Alarico quien la negó, perdió su reino, su pueblo y, lo que es mucho peor, la vida eterna. Lo que los fieles pierden por los ardides de sus enemigos, Dios se los devuelve al céntuplo. Mientras los heréticos no adquieren nada y aquello que en apariencia poseen se les quita, como quedó comprobado con la muerte de Godegisilo, Gundebaldo y Godemar[3], que perdieron a la vez su patria y el alma. Confesamos pues un solo Dios indivisible, inmenso, inefable, glorioso, siempre el mismo, perpetuo; triple en su unidad que resulta de la igualdad en substancia, divinidad, omnipotencia y perfección, Dios único, soberano que reinará sobre la eternidad de los tiempos.

 

Prólogo al Libro 5

Me pesa tener que rememorar las vicisitudes de las guerras civiles que agobian a la nación [gentem] y al reino de los francos, y lo que es peor, son estos los tiempos que el Señor predijo como el inicio de las calamidades las cuales vemos. Se levantará el padre contra el hijo, el hijo contra el padre, el prójimo contra el prójimo, el hermano contra el hermano para hacerlos morir. No obstante que debieran de estar espantados por el ejemplo de los reyes anteriores que sucumbían a los golpes de sus enemigos tan pronto como se dividían. En efecto, cuántas veces no se vio a la Ciudad, cabeza del mundo entero, caer porque era presa de la guerra civil, para levantarse inmediatamente al cesar la guerra. Pluguiera a Dios y a ustedes ¡oh, reyes! que ejercitaran sus fuerzas en combates similares a los que libraron sus padres con el sudor de su frente, y que las naciones estuvieran aterrorizadas a la sola vista de su unión, para ser luego subyugadas por su valor. Recuerden lo que hizo Clodoveo, él que marchó a la cabeza en todas sus victorias, que dio muerte a los reyes enemigos, aniquilando a las naciones contrarias y subyugando territorios y poblaciones. Merced a lo cual les dejó un reino en toda su fuerza e integridad. Y cuando realizaba esas hazañas no tenía oro ni plata como ahora ustedes en sus tesoros. Pero, ¿qué hacen? ¿qué piden? ¿qué cosas no tienen en abundancia? En sus casas las delicias sobrepasan sus deseos, la cavas rebosan de vino, de trigo, de aceite; y el oro se acumula en sus tesoros. Nada les falta más que una cosa, la gracia de Dios, puesto que son incapaces de mantener la paz entre ustedes. Oigan, les suplico, lo que dijo el apóstol: Si se muerden y devoran los unos a los otros, cuiden que no vayan a acabarse los unos a los otros. Examinen también los escritos de los antiguos, y vean lo que engendraron las guerras civiles; repasen lo que escribió Orosio respecto a los cartagineses, cuando dice que su ciudad e imperio duraron setecientos años antes de ser destruidos, y agrega: ¿Quién los conservó por tanto tiempo? La concordia. ¿Quién los destruyó después de un tiempo tan largo? La discordia. Cuídense de la discordia y de las guerras civiles que los atormentan a ustedes y a sus pueblos. Si te complaces en la guerra civil, ¡oh, rey! ¿qué puede pasar  sino es que tras la destrucción de tus ejércitos y ya sin apoyo, los sometan naciones enemigas? Mejor aplícate a los combates a los cuales el apóstol recomienda entregarse uno mismo, puesto que el espíritu busca vencer a la carne y que los vicios sean vencidos por las virtudes: Libre entonces, servirás a tu señor que es el Cristo, mientras que encadenado sirves a quien es la fuente de todo mal.

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[1]  Génesis, 13, 18.

[2] Hilario de Poitiers, llamado el “Atanasio de occidente” por su defensa del símbolo niceno. Fue protector del futuro San Martín de Tours.

[3]  Reyes burgundios, ver supra nota 4, libro 2, cap. XXXII, XXVIII, XXXII-XXXIV, XXXII, XXXIII, Gregorio de Tours, Histoire des Francs par Grégoire de Tours, Paris, J.-L.-L. Brière, 1823, 2 vol. (514, 418 p.), in-8. – (Collection des mémoires relatifs à l’histoire de France, publ. por Guizot, 1-2)), libro I, cap. XXIX / http://remacle.org/bloodwolf/historiens/gregoire/francs2.htm

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